jueves, 20 de octubre de 2011

Amo con Letras Mayúsculas

El Amo con letras mayúsculas leía, con infinita paciencia, letra tras letra, palabra tras palabra, cada idea, pensamiento, concepto, todos referidos a los inaccesibles estados de ánimo, las complicadas emociones, los dificultosos sentimientos de aquella sumisa a las que pacientemente había intentado educar en el arte de la entrega.

El Amo con letras mayúsculas no era un amito pajillero, de esos que tan abundantemente poblaban la red, aquellos que anidaban en todo foro o sala de chat que llevara el acrónimo “BDSM”, agazapados con la aviesa intención del sexo fácil. El Amo con letras mayúsculas era austero, controlaba sus impulsos, disfrutaba de la sublime manifestación de su poder, antes que del mundano deleite eyaculatorio.

El Amo con letras mayúsculas afrontaría las sesiones reales con seriedad y su discreción característica que él infundía, como bien era sabido, haciendo nudos, desatando cuerdas, manejando látigos, paletas, fustas y los diversos juguetes que a su placer ofrecía para su gozo. El Amo con letras mayúsculas era eso, El Amo con letras mayúsculas.

Por eso, cuando la “sumisa” de letras minúsculas le hizo cierto comentario tratándolo como un amito vulgar e intelectualmente desposeído, o quizás por un amito del montón, como todos los demás, así se lo hizo ver e insinuó, el Amo con letras mayúsculas no entendió nada.

El Amo con letras mayúsculas sabe su deseo, y él sabe que es como es, y sí hiciese o afrontase lo que ella quiere, entonces sí sería el amito común del que habló.


AmoBdjoz.


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